martes, 12 de junio de 2012

BAJO EL AGUA (1)




       ¡Corre!  Me grita Alan poniéndose frente al enorme guarda espaldas de Jimmy.


    Sé que es un esclavo de mi creador y que es mucho más fuerte que cualquiera de mis amigos, aunque estuvieran todos juntos no tendrían oportunidad contra él.  Aún así me dejo llevar por los reflejos que quedan en mí de lo frágil que solía ser cuando era humana y estaba viva, huyendo cobardemente.

     ¡Estúpida, Perra! ─ Grita el hombre de Jimmy dando un fuerte puñetazo en el estómago de Alan.   Escucho como el aire se escapa de la boca y emite un leve quejido de dolor.

      No me detengo, avanzo rápidamente por la orilla de la banqueta, esperando el momento justo para atravesar la calle y perderlo en el callejón de la siguiente cuadra.  Me concentro en no ser atropellada y evito topar con los parquímetros.  
     
     El semáforo se ha puesto en rojo, las llantas de los automóviles rechinan sobre el asfalto al frenar.   De un ágil movimiento logro levantar ambas piernas y apoyando las manos sobre el cofre de un deportivo japonés logro llegar al otro lado de un solo brinco.  Me subo a la banqueta y continúo corriendo.   A unos cuantos metros veo la entrada al pasillo que conecta esta calle con la avenida principal.   Siento mis piernas pesadas al levantarlas, no alcancé a abrochar las hebillas de las botas y siento como si se fueran a salir de mis pies en cualquier mal paso que dé.

     Llevo tanto impulso que tengo que usar mi mano para refrenarme y poder dar vuelta en la callejuela.   Los edificios a los costados tienen más de ocho pisos, las sombras que proyectan me impiden ver con claridad.   Sin embargo, no es la primera vez que lo atravieso y sé donde se encuentran las cajas y los botes de basura. 

    Salto por encima de un montón de cajas vacías de cartón, puedo oler algún animal muerto en alguna parte debajo de las bolsas negras recargadas contra el muro.  Unos cuantos más y solo me queda la malla a la mita del pasillo.   La veo por el reflejo de la luz de una ventana en el segundo piso, del edificio al lado derecho,  tomo impulso, me agazapo un poco, extiendo mis manos hacia arriba y brinco lo más alto que puedo para no sujetarme del tubo superior de la malla.   Mis pies han dejado el suelo y mis dedos están a punto de alcanzar la barra de metal que sostiene la cerca de más de tres metros.

     No lo logro...

     El maldito Rob me ha sujetado de los pies jalándome hacia atrás.  Me duele la cara, siento como la sangre sale por mi naris y el labio inferior en el que me clavado los dientes al golpearme contra el pavimento.  La cabeza me da vueltas cuanto intento incorporarme.  Me resulta difícil enfocar. Me levanto sobre mis rodillas y mis manos, sintiendo la viscosa sangre sobre el suelo que escurre de mi naris.

     De pronto, un agudo dolor me recorre el cuero cabelludo cuando Rob me agarra con fuerza del cabello y me estira para que levante la cabeza, el intenso dolor hace que me pillen los oídos, pero alcanzo a escucharlo hablar mientras me coloca la 9mm en la frente.

     ─ ¡Vas a venir conmigo!, dejarás de jugar o te haré un agujero en la cabeza y te llevaré en el maletero. El "Tiburón" quiere verte. ─ Dice muy molesto, enseñándome sus dientes y casi escupiéndome la cara al hablar. 

     Siento la furia arder en mi interior. Pero el dolor y el mareo no me permiten concentrarme en lo que está ocurriendo, y soy incapaz de resistirme cuando me levanta aún del cabello y me lleva fuera del callejón.  Al salir, ya hay un auto esperándonos, las luces apagadas me indican que el jefe no viene en él. 

     Rob se sienta a mi lado y me apunta directo a la cabeza todo el camino.  El dolor ha cesado, la sangre ya no fluye de mi nariz ni de mi boca.   Con centro mi sangre en el rostro y me doy cuenta que no he bebido lo suficiente esta semana como para curarme y no tener hambre.  Decido esperar, pues Jimmy "el Tiburón", siempre me da algo de comer antes dejarme volver a casa. 

     Llegamos al casino, las puertas aún están abiertas bajo el enorme letrero de "LAS PUERTAS DEL CIELO". Sandy, la conductora, le da la vuelta a la manzana y baja al estacionamiento en el subterráneo del Casino.  La única luz que se ve al rededor del pequeño indicador de: "Salida de Emergencia", sobre la puerta trasera.  Al bajar, puedo sentir la humedad que se pega a mi piel, los tubos en el techo están calientes y una delgada capa de vapor se forma en el aire.


     Abren la puerta,  Sandy, también conocida como la cierra me sujeta de ambos brazos y me los tuerce hacia atrás, luego me empuja hacia adentro.  Me doy cuenta que no vamos a la oficina de Jimmy, pues hemos dado vuelta en una pasillo antes de las escaleras que llevan al lado de los baños.   Está oscuro, aún estoy mareada, pero puedo ver una puerta cerrada al final del corredor, una luz amarillenta se filtra por debajo. El rechinido al abrirse la entrada me provoca un agudo estremecimiento. 


    Bajo la lámpara circular en el centro de la habitación se halla Jeremy.  Tiene puesto su sombrero beige y la capa larga que le cubre todo el cuerpo y solo deja ver sus zapatos.  Levanta la cabeza y lo que veo en su rostro no me gusta.   Esta sumamente furioso, sus ojos son los de un depredador y sus afilados dientes rechinan en cuanto me ve. 


     Ahora sí la hiciste grande Julie ─. Me dice mientras se abre la capa y me muestra sus puños apretados.  Algo me dice que se ha enterado de lo que pasó hace unas noches en mi casa, y de pronto lo dice:  Creíste que no me enteraría, ¿acaso no fui claro al pedirte que me trajeras todo el dinero que cobraras la semana pasada? y además de robarme, todavía te llevas a tus amigos a beber y les cuentas lo que te pedí que no les contaras.


      Tengo el dinero en la casa, pensaba ponértelo, de verdad. ─ Digo tratando de tranquilizarlo, pero ya es tarde.


     ¡No te he dado permiso de hablar! ─ Grita irritado y se lanza sobre mí con su puño cerrado, justo en mi costado derecho.   Puedo sentir como me remueve los intestinos después de hacer pedazos tres costillas.  No me gusta que me vea llorar, así que trato de resistir el dolor  y aprieto mis dientes, no es suficiente, la exclamación de dolor se me escapa de la boca y siento que mis piernas se doblan.  Sandy aún me sujeta los brazos.


     El golpe ha sido tan fuerte que Sandy ha retrocedido junto conmigo un par de pasos antes de soltarme.  Pienso que pedirá que nos dejen solos, pero no lo hace.  Lyonel, su otro sirviente viene cargando una tina grande.  La pone en el suelo.  Jimmy me levanta de los hombros y mete mis pies en la tina.   ¡Es cemento!


      ¿Qué se supone que estas haciendo? ─ Le digo a pesar de que siento que me lastimo al hablar. 


     Te daré una lección que no olvidarás.  Esta vez dejaré vivos a tus amigos, pero si le dices a alguien más que eres un vampiro te juro que los mataré a todos. 


     Al escuchar eso guardo silencio y me limito a permanecer inmóvil.  Jimmy me mira como si quisiera matarme por segunda vez, pero no lo hace... Se me acerca con esa sonrisa de piraña que lo distingue y me besa mordiendo mis labios.  Me da asco el olor y el sabor a tabaco que se despende de su piel, me retuerce las manos para que no lo aleje de mí.  Al retirarse se limpia la boca y dice:


      Pónganla en el pozo.  Me mira, se acomoda el sombre y continúa:  Es la última vez que me haces quedar mal con alguien.  De todos los que pueden enterarse de tus idioteces tenía que ser Bartus quien te escuchara revelar nuestros secretos.


    ¿Bartus? No lo conozco, pero he escuchado su nombre antes.  No tengo tiempo de responderle, Rob y Lyonel me llevan al fondo de la habitación, en el suelo está abierta una compuerta, escucho debajo el motor de la cisterna encendida.


      ¡No!   Grito con fuerza mientras me lanzan dentro.  El peso del cemento hace que me vaya al fondo muy rápido.  Intento liberarme, pero no puedo.  No siento que me ahogue, pues no necesito respirar, pero la desesperación me inunda cuando veo que comienzan a colocar la tapa.  


     De pronto solo quedamos la oscuridad y yo.  El motor se apaga...  nos acompaña ahora el silencio.   Siento hambre, el deseo de sangre se apodera de mí, no hay nada más que agua...


     Los días comienzan a transcurrir, en el silencio y la completa oscuridad, entre el hambre y la deseperación... He perdido la esperanza, no puedo morir, solo sufrir la agonía que él asegura es consecuencia de mis pecados...  Sol quiero que el castigo termine,  el delirio me posee por momentos, pero ni aún con la ayuda de la bestia soy capaz de liberarme.  El sopor  me envuelve, la sangre se ha desvanecido de mi cuerpo con cada anochecer, el hambre me atormenta.  Y solo puedo esperar a que el decida que ha sido suficiente.