martes, 12 de junio de 2012

BAJO EL AGUA (1)




       ¡Corre!  Me grita Alan poniéndose frente al enorme guarda espaldas de Jimmy.


    Sé que es un esclavo de mi creador y que es mucho más fuerte que cualquiera de mis amigos, aunque estuvieran todos juntos no tendrían oportunidad contra él.  Aún así me dejo llevar por los reflejos que quedan en mí de lo frágil que solía ser cuando era humana y estaba viva, huyendo cobardemente.

     ¡Estúpida, Perra! ─ Grita el hombre de Jimmy dando un fuerte puñetazo en el estómago de Alan.   Escucho como el aire se escapa de la boca y emite un leve quejido de dolor.

      No me detengo, avanzo rápidamente por la orilla de la banqueta, esperando el momento justo para atravesar la calle y perderlo en el callejón de la siguiente cuadra.  Me concentro en no ser atropellada y evito topar con los parquímetros.  
     
     El semáforo se ha puesto en rojo, las llantas de los automóviles rechinan sobre el asfalto al frenar.   De un ágil movimiento logro levantar ambas piernas y apoyando las manos sobre el cofre de un deportivo japonés logro llegar al otro lado de un solo brinco.  Me subo a la banqueta y continúo corriendo.   A unos cuantos metros veo la entrada al pasillo que conecta esta calle con la avenida principal.   Siento mis piernas pesadas al levantarlas, no alcancé a abrochar las hebillas de las botas y siento como si se fueran a salir de mis pies en cualquier mal paso que dé.

     Llevo tanto impulso que tengo que usar mi mano para refrenarme y poder dar vuelta en la callejuela.   Los edificios a los costados tienen más de ocho pisos, las sombras que proyectan me impiden ver con claridad.   Sin embargo, no es la primera vez que lo atravieso y sé donde se encuentran las cajas y los botes de basura. 

    Salto por encima de un montón de cajas vacías de cartón, puedo oler algún animal muerto en alguna parte debajo de las bolsas negras recargadas contra el muro.  Unos cuantos más y solo me queda la malla a la mita del pasillo.   La veo por el reflejo de la luz de una ventana en el segundo piso, del edificio al lado derecho,  tomo impulso, me agazapo un poco, extiendo mis manos hacia arriba y brinco lo más alto que puedo para no sujetarme del tubo superior de la malla.   Mis pies han dejado el suelo y mis dedos están a punto de alcanzar la barra de metal que sostiene la cerca de más de tres metros.

     No lo logro...

     El maldito Rob me ha sujetado de los pies jalándome hacia atrás.  Me duele la cara, siento como la sangre sale por mi naris y el labio inferior en el que me clavado los dientes al golpearme contra el pavimento.  La cabeza me da vueltas cuanto intento incorporarme.  Me resulta difícil enfocar. Me levanto sobre mis rodillas y mis manos, sintiendo la viscosa sangre sobre el suelo que escurre de mi naris.

     De pronto, un agudo dolor me recorre el cuero cabelludo cuando Rob me agarra con fuerza del cabello y me estira para que levante la cabeza, el intenso dolor hace que me pillen los oídos, pero alcanzo a escucharlo hablar mientras me coloca la 9mm en la frente.

     ─ ¡Vas a venir conmigo!, dejarás de jugar o te haré un agujero en la cabeza y te llevaré en el maletero. El "Tiburón" quiere verte. ─ Dice muy molesto, enseñándome sus dientes y casi escupiéndome la cara al hablar. 

     Siento la furia arder en mi interior. Pero el dolor y el mareo no me permiten concentrarme en lo que está ocurriendo, y soy incapaz de resistirme cuando me levanta aún del cabello y me lleva fuera del callejón.  Al salir, ya hay un auto esperándonos, las luces apagadas me indican que el jefe no viene en él. 

     Rob se sienta a mi lado y me apunta directo a la cabeza todo el camino.  El dolor ha cesado, la sangre ya no fluye de mi nariz ni de mi boca.   Con centro mi sangre en el rostro y me doy cuenta que no he bebido lo suficiente esta semana como para curarme y no tener hambre.  Decido esperar, pues Jimmy "el Tiburón", siempre me da algo de comer antes dejarme volver a casa. 

     Llegamos al casino, las puertas aún están abiertas bajo el enorme letrero de "LAS PUERTAS DEL CIELO". Sandy, la conductora, le da la vuelta a la manzana y baja al estacionamiento en el subterráneo del Casino.  La única luz que se ve al rededor del pequeño indicador de: "Salida de Emergencia", sobre la puerta trasera.  Al bajar, puedo sentir la humedad que se pega a mi piel, los tubos en el techo están calientes y una delgada capa de vapor se forma en el aire.


     Abren la puerta,  Sandy, también conocida como la cierra me sujeta de ambos brazos y me los tuerce hacia atrás, luego me empuja hacia adentro.  Me doy cuenta que no vamos a la oficina de Jimmy, pues hemos dado vuelta en una pasillo antes de las escaleras que llevan al lado de los baños.   Está oscuro, aún estoy mareada, pero puedo ver una puerta cerrada al final del corredor, una luz amarillenta se filtra por debajo. El rechinido al abrirse la entrada me provoca un agudo estremecimiento. 


    Bajo la lámpara circular en el centro de la habitación se halla Jeremy.  Tiene puesto su sombrero beige y la capa larga que le cubre todo el cuerpo y solo deja ver sus zapatos.  Levanta la cabeza y lo que veo en su rostro no me gusta.   Esta sumamente furioso, sus ojos son los de un depredador y sus afilados dientes rechinan en cuanto me ve. 


     Ahora sí la hiciste grande Julie ─. Me dice mientras se abre la capa y me muestra sus puños apretados.  Algo me dice que se ha enterado de lo que pasó hace unas noches en mi casa, y de pronto lo dice:  Creíste que no me enteraría, ¿acaso no fui claro al pedirte que me trajeras todo el dinero que cobraras la semana pasada? y además de robarme, todavía te llevas a tus amigos a beber y les cuentas lo que te pedí que no les contaras.


      Tengo el dinero en la casa, pensaba ponértelo, de verdad. ─ Digo tratando de tranquilizarlo, pero ya es tarde.


     ¡No te he dado permiso de hablar! ─ Grita irritado y se lanza sobre mí con su puño cerrado, justo en mi costado derecho.   Puedo sentir como me remueve los intestinos después de hacer pedazos tres costillas.  No me gusta que me vea llorar, así que trato de resistir el dolor  y aprieto mis dientes, no es suficiente, la exclamación de dolor se me escapa de la boca y siento que mis piernas se doblan.  Sandy aún me sujeta los brazos.


     El golpe ha sido tan fuerte que Sandy ha retrocedido junto conmigo un par de pasos antes de soltarme.  Pienso que pedirá que nos dejen solos, pero no lo hace.  Lyonel, su otro sirviente viene cargando una tina grande.  La pone en el suelo.  Jimmy me levanta de los hombros y mete mis pies en la tina.   ¡Es cemento!


      ¿Qué se supone que estas haciendo? ─ Le digo a pesar de que siento que me lastimo al hablar. 


     Te daré una lección que no olvidarás.  Esta vez dejaré vivos a tus amigos, pero si le dices a alguien más que eres un vampiro te juro que los mataré a todos. 


     Al escuchar eso guardo silencio y me limito a permanecer inmóvil.  Jimmy me mira como si quisiera matarme por segunda vez, pero no lo hace... Se me acerca con esa sonrisa de piraña que lo distingue y me besa mordiendo mis labios.  Me da asco el olor y el sabor a tabaco que se despende de su piel, me retuerce las manos para que no lo aleje de mí.  Al retirarse se limpia la boca y dice:


      Pónganla en el pozo.  Me mira, se acomoda el sombre y continúa:  Es la última vez que me haces quedar mal con alguien.  De todos los que pueden enterarse de tus idioteces tenía que ser Bartus quien te escuchara revelar nuestros secretos.


    ¿Bartus? No lo conozco, pero he escuchado su nombre antes.  No tengo tiempo de responderle, Rob y Lyonel me llevan al fondo de la habitación, en el suelo está abierta una compuerta, escucho debajo el motor de la cisterna encendida.


      ¡No!   Grito con fuerza mientras me lanzan dentro.  El peso del cemento hace que me vaya al fondo muy rápido.  Intento liberarme, pero no puedo.  No siento que me ahogue, pues no necesito respirar, pero la desesperación me inunda cuando veo que comienzan a colocar la tapa.  


     De pronto solo quedamos la oscuridad y yo.  El motor se apaga...  nos acompaña ahora el silencio.   Siento hambre, el deseo de sangre se apodera de mí, no hay nada más que agua...


     Los días comienzan a transcurrir, en el silencio y la completa oscuridad, entre el hambre y la deseperación... He perdido la esperanza, no puedo morir, solo sufrir la agonía que él asegura es consecuencia de mis pecados...  Sol quiero que el castigo termine,  el delirio me posee por momentos, pero ni aún con la ayuda de la bestia soy capaz de liberarme.  El sopor  me envuelve, la sangre se ha desvanecido de mi cuerpo con cada anochecer, el hambre me atormenta.  Y solo puedo esperar a que el decida que ha sido suficiente. 


     


    

miércoles, 30 de mayo de 2012

MI PEQUEÑA OBSESIÓN, Es Pelirroja (5)

While her lips remains red,
I'will continue loving her.
While her life remains red,
She will keep me alive...
- (Koriel)
     Mi pequeña obsesión por ella me ha permitido conservar el interés por la vida y todo lo que hay en ella.  Ha mantenido en mí ese interés que creí perdido hacía muchísimas décadas.  No importa que transcurra el tiempo, siempre será Ariel mi razón de contemplar el espacio en el que se pare y camine, con todo lo que implica que sea el único motivo para no pararme al sol durante un maravilloso amanecer de verano y continuar lo que aquel que me convirtió no permitió que el ciclo natural  terminara, mi muerte...

     No dejo de repetirme a mí mismo que hice lo correcto, a pesar de que el amor se nos ha negado como parte de la maldición inmortal, hoy puedo mirarla y decir: "TODOS ESTÁN EQUIVOCADOS", no importa si ella no me ama ahora tanto como yo, y no entiende los motivos por los cuales la he transformado en lo que es, tarde o temprano se dará cuenta que, como su creador, soy el único que tiene las respuestas que necesita, y me agradecerá haberle permitido descubrir muchas cosas por sí misma, mientras yo aún me envuelvo en su perfume y la suavidad de sus brazos.


    Hay noches, como ésta, en las que a pesar de su sonrisa puedo percibir, a través de sus ojos, una profunda tristeza y sin que me diga nada sé lo que le ocurre.  Siempre he intentado compensar sus pérdidas con lo que a mi me hacía feliz en mis primeros años, cariño y pasión, tratando de convencerla que todo lo que ha quedado atrás no es nada comparado con el mundo que he puesto a sus pies. Parece funcionar, al menos hasta que encuentra alguna otra pasión con la que olvidar aquello que la sume en el dolor de no poder tener a su familia y ver partir a sus amigos, en la tristeza de no ser capaz de contemplar otro amanecer y perderse los amenos desayunos con sus colegas de la facultad, las tardes de compras y los atardeceres  con algún ingenuo pretendiente que da todo por ella sin saber que solo se pertenece a sí misma y que jamás podrá poseerla en ese delirio romántico de aspiraciones mortales.  

      - ¿Te arrepientes de ser lo que eres? - Pregunté al verla desnuda, de pie junto a la ventana, contemplando la inmensidad del firmamento y el resplandor de la noche estrellada. Preparé un par de respuestas que la hicieran cambiar de opinión pero...

     - No, eso jamás. - Respondió mirándome a los ojos, soltando el borde de madera y acercándose a mi para recargar su rostro contra mi pecho. -Es solo que no sé que pasa, ¿podrías hablarme un poco más de los otros y del por que hacen todas esas cosas que resultan tan detestables a veces? 

       La callé con un beso y en el silencio de mi entrega le hice saber que no era importante conocer los motivos por los cuales los demás actuaban a favor de la muerte y no a favor de la vida como todos los de nuestro clan, que lo realmente importante era que estuviera segura de sus convicciones, sus metas y sus sueños, y que a partir de ello hiciera lo posible por mantenerse como era y cumplir lo que anhelaba. Y sin embargo, tener que llenarla me deja vacío de vez en vez, por más que me aferre a lo que yo mismo creo.

    Como todo lo que ella hace, esos momentos de angustia son intensos y arden también en mi como una llamarada cuando llora, con cada palabra que susurra a mi oído, puedo sentir sus lágrimas quemándome la piel del pecho. Pero cuando ella ríe, su energía me invade completamente y soy capaz de sentir nuevamente ese calor que creí perdido con el transcurrir del tiempo, ella vuelve a encender esa flama que permanecía agonizante en mi interior mientras me rodeaba de vanalidades e inútiles materialismos que se esfumaban más rápido que los fugaces instantes de alegría que propiciaban.  Su propio fulgor derrite la escarcha que hiela mi corazón y me devuelve el brillo necesario para seguir adelante, sin saberlo esas palabras de aliento que le doy, son también para mí mismo.

       Después de una madrugada agitada me levanto de la cama, me pongo mi ropa y camino directo a la puerta ajustando mi corbata y llevando el saco en el brazo.  Compruebo que la cartera  y el móvil se encuentren en los bolsillos y salgo sin despedirme, meditando todo lo que hemos hablado.  He dejado de perderme como antes, enajenado, en su belleza, sin embargo, los verdaderos sentimientos han crecido y ahora puedo mirar su hermosura sintiéndome satisfecho de rozar sus labios y escuchar su voz, ya no me desbordo en cada encuentro, y a pesar de ello siento que estoy a punto de derramarme sobre ella cada vez que nuestras miradas se encuentran.  

     Si ella piensa que hoy ha sido un día difícil por no poder hacer lo que antes hacía, me gustaría que viera lo poco sencillo que me lo ha puesto a mí con todas aquellas preguntas que yo había dejado de hacerme cuando me quedé solo y descubrí que no había palabras que pudieran satisfacerme hasta que vivía las respuestas por mí mismo, aunque sintiera que me desmoronaba, como una escultura de arena al caer sobre el suelo firme, en el proceso.

     Me sonrío al mirar una levísima línea de labial carmesí en el borde la manga de mi camisa y de pronto quedo totalmente convencido de que mientras sus labios permanezcan rojos, seguiré amándola, y que mientras su pasión continué encendida, me mantendrá con vida.





jueves, 17 de mayo de 2012

MI PEQUEÑA OBSESIÓN, Es Pelirroja (4)

   Han transcurrido un par de meses desde que Ariel se convirtió en mi chiquilla, así le llamamos a los que engendramos.  Debo reconocer que lo ha tomado mucho mejor de lo que esperaba.  Como lo he dicho antes, me parece la mujer perfecta, pero ha demostrado que también sabe ser una alumna ejemplar, pues a pesar de lo complicado que resulta reaprender la historia  vista desde las sombras, ella ha sabido aceptar e hilar los acontecimientos del mundo y la influencia que los vampiros han tenido en la sociedad mortal y su evolución.

  No me había parecido relevante contarle demasiadas cosas, es suficiente decir que ahora es parte del clan de los Artistas, siendo ella una obra de arte por sí misma, con su belleza y peculiar forma de ver las cosas, sin embargo uno de mis sirvientes me ha contado que la vieron salir de una galería con un vampiro más viejo que yo. Así que creo que es tiempo de hablarle más sobre como navegar en el mundo de las intrigas y las traiciones.

   Esta noche la encontré de pie junto a una de sus más recientes pinturas, el retrato de un joven vampiro con el que se ha encontrado.

   - Michel, - Me dijo en tono dulce, mientras yo me dedicaba a mirar su espalda. Me di cuenta que nos hemos vuelto muy cercanos por la familiaridad con la que dice mi nombre.  Se giró lentamente y me dijo: - Quiero pintar a todos y cada uno de los vampiros de esta ciudad... - Hizo una pausa y me quedé hipnotizado por el movimiento de sus suaves labios teñidos de un rojo carmesí.- ¿Crees que sea posible?

   Le sonreí y sin dejar de mirar las pecas de su pecho, que ahora permanecían quietas debido a que ya no respira, contesté: -Eres muy ambiciosa, pero creo que tienes una eternidad para intentarlo. 

 - ¿Acaso son muchos? - Preguntó extendiendo su mano y acariciándome el pecho sobre la camisa de satén a medio abrochar que traía puesta. Su tacto se ha vuelto frío, pero no deja de ser gentil en cada encuentro.

  Es una noche cálida, sus rizos de fuego caen sobre sus hombros color marfil, su vestido grana hace juego con con sus zapatillas. Traté de concentrarme en una respuesta a su pregunta, sé que le contesté algo, pero no estoy seguro si lo he hecho o solo imaginé  mi voz diciendo: -No, somos solamente un puñado, pero es difícil encontrarlos.

   Sus manos tocaron las mías, un contacto delicado, y sin embargo inmediatamente percibí que a pesar de verse más pálida que yo, era solo el efecto contrastante del esmalte rubí sobre sus uñas, y que en realidad mi piel era mucho más helada que la suya.

  Su voz me hacía sentirme en un estado de somnolencia, la tranquilidad me inundaba y de pronto me hacía olvidar que había ido a verla para hablarle de las cosas importantes de la sociedad inmortal.  En lugar de instruirla, como tantas veces me lo había propuesto desde la noche que la creé, me volví a sumergir en los deseos de mi desbordada pasión, incitada por la lujuria que su mera presencia invocaba con solo cruzarse en mi mirada.


  Intenté resistirme al anhelo de calentar mi cuerpo, desnudarla y dejar que nuestras pieles se rozaran, y luego caí en cuenta que sería imposible luchar contra el capricho de sentirme humano cada  vez que la poseía y el ansia que me provocaba su hermosura.  De alguna manera, sé que me dijo era imposible también para ella.


   Mientras la besaba pude recuperar el control sobre mí mismo y me di cuenta de que habíamos pasado hablando un largo rato, el reloj en mi muñeca me decía que una hora más había transcurrido.  Al darse cuenta que no seguiría, me envolvió en sus abrazos y la acogedora sensación de sus tersos pechos contra mi rostro me hizo   aspirar el aroma de la crema de rosas que acostumbraba usar.  Espero en silencio y con paciencia a que las palabras fluyeran de mi boca, atenta a todo lo que su impulsivo y despistado maestro podía enseñarle.


  Esa noche hablé de nuestro líder, el vampiro más antiguo y poderoso de la ciudad.  Le recomendé dirigirse con respeto a todo vampiro que se cruzara en su camino, pues los buenos modales y la cortesía nos distinguían de otros clanes.  Le conté de la importancia de distinguirse por su elegancia y su belleza.  Le dije que la política era complicada y que lo mejor sería mantenerse al margen de involucrarse en esa clase de asuntos hasta haber aprendido lo suficiente de nuestra cultura.


  No sé si me escuchó con la atención que yo quería,  pero sé que se mantuvo acariciando mi pecho todo el tiempo, jugando con sus uñas sobre mi piel y besándome la frente y los hombros a cada oportunidad que tenía.


  De pronto, mis ojos se encontraron con los suyos, de nuevo vi la vida en ellos, pude percibir su ternura, su pasión, su calidez... 


  - Te amo, Ariel - Por más que quise contenerlo se me escapó de entre los labios, lo había hecho por varios meses y al fin se había salido sin querer.


  En silencio, la besé antes que el amanecer llegara y cayera en el profundo sueño de la muerte.



viernes, 11 de mayo de 2012

MI PEQUEÑA OBSESIÓN, ES PELIRROJA (3)


   
     Ariel...      
    Ariel...     
   Por más que intento me es imposible ese nombre de mis pensamientos.  Las últimas tres noches he despertado y he pasado horas enteras preparando los últimos detalles y planeando las soluciones a las  contingencias que pudieran presentarse durante nuestro encuentro de hoy en el Hotel.  Me sorprende no poder apartarla de mi mente ni un solo instante, mientras me preparo para salir de casa de pronto caigo en cuenta de que nuevamente estoy pensando en ella, en los hermosísimos y brillantes rizos de su cabello rojo, en el intenso calor que produce su piel y el tono rosado de su mejillas cuando mis labios entran en contacto con su cuerpo desnudo, en ese dulce gemido que se escapa entre sus labios al sentir placer.  
    
    Y heme aquí, una vez más me he encontrado a mi mismo mirando hacia la nada, recordando su cálido aliento sobre mi pecho y sintiendo el gentil movimiento de sus caderas mientras se mece sobre mí, al tiempo que su cabello se balancea cubriendo y dejando ver las expresiones de su rostro, el cómo se muerde los labios, frunce el seño apretando los ojos y luego abre su boca para dejar salir un suspiro mientras con sus manos me presiona las costillas al llegar al climax de su placer, clavando suavemente sus uñas en mi piel.   

    Estoy en la Suite 736 del Royal Grant Palace Hotel, el clima mantiene la temperatura de la habitación a u nos 23°, no hace frío ni calor pero a pesar de ello mi piel permanece helada.  La cena tendría que esperar esta noche, más bien dicho, yo estaría esperando la cena. He escogido este lugar muy cuidadosamente, los vivos colores y finos detalles de la habitación han sido escenciales para que decidiera que fuese aquí donde se convirtiera en inmortal.  

    Casi son las nueve de la noche y aún no ha llegado.  He comenzado a impacientarme al darme cuenta que el hielo de la botella de "La Rioja" que he pedido para la chica empieza a derretirse. Camino de un lado a otro por unos minutos, y de repente la exquisita fragancia "The One" llega a mi nariz, cierro los ojos y me concentro en lo que ocurre fuera del cuarto en el pasillo, es su aroma mezclado con perfume, el sonido de sus tacones sobre la alfombre, detrás de ella camina mi esclavo.

     Al abrir la puerta, la recibo con una sonrisa, al fin está aquí. Y puedo verla, olerla, sentirla y escucharla.

     Cómo toda una profesional me pide recostarme en la cama, me desabotona la camisa con sus delicadas manos, luego camina hacia mi esclavo y le pide dejar el potro y el lienzo frente a la cama.  Me encuentro embebido por ella, no estoy seguro de lo que me esta diciendo, pero yo asiento como si entendiera, el sonido se ha escapado y  solamente puedo ver sus labios moverse. 
     No se cuanto tiempo ha pasado, he permanecido inmóvil desde que me recostó en la cama, tomó su pincel y clavó su vista en mi, luego en el lienzo, luego en mí y nuevamente en el lienzo varias veces.  Parece que al fin ha terminado, deja el pincel sobre una mesa, se dirige hacia mí con un caminar coqueto, me dice con su sensual y profunda voz:
     -Te has portado muy bien, ya he terminado la primera parte.  Ahora podemos tomarnos un descanso.  - Se sonrió.

     Estoy atónito, bajo el trance que me provoca su belleza, incapaz de moverme y sin poder hablar, atraído cada detalle de su hermosura, sus cabellos de fuego caen sobre su pecho y su espalda, sus cejas son dos arcos rojos que coronan su ardiente mirada marrón, sus labios teñidos de rojo carmesí se sienten como pétalos de rosa sobre mi boca y al besarle desprende un dulce perfume.  Me pierdo en la sensación de sus besos, en el terciopelo color marfil de su piel y la suavidad de sus caricias mientras me desviste por completo.  Una vez más me dejo llevar por el torrente de pasión en el que me envuelve con su gentil tacto, y sumergidos en el profundo mar de la ardiente pasión no resisto más...

     En ese instante de eufórica excitación, clavo impaciente mis afilados colmillos en su blanco y sensual cuello, penetro su perfumada piel con fuerza hasta que mi lengua toca el néctar cálido escarlata que es su sangre.  Mi vista se torna borrosa por el éxtasis de sensaciones que provoca estar sumido en el ardiente torbellino de calor que pasa de su cuerpo al mío con cada sorbo que doy al fluido que mana por las heridas en su garganta. 

     Cuando vuelvo en mí ya es tarde, he drenado hasta la última gota de sangre de su cuerpo, en su boca entre abierta resplandece blanco perla de sus dientes, su bellísimo cuello permanece ensangrentado entre mis labios, alcanzó a percibir que el color de su piel de mármol tibia se ha tornado tan pálida y tan fría como la blanquecina piedra de alabastro.  Y recargada sobre mí, puedo sentir como su corazón ha dejado de latir...

     Sé que debo darme prisa, pero me tomo un segundo para contemplarla, la recuesto despacio sobre la cama y me doy cuenta que he desperdiciado mucha sangre pues está esparcida sobre las sábanas, el tiempo de admirarla se ha terminado, muerdo mi muñeca y rápidamente le pido a mi sangre correr por mis venas, estoy ardiendo, su sangre es como fuego líquido hirviendo dentro de mi.   Unas pocas gotas son suficientes para arrancársela de las manos a la muerte, pero ya que estoy saciado me tomo unos minutos  y dejo que un chorro se vierta en su boca, tengo cuidado de no manchar su rostro, pero algunas gotas han salpicado sus labios. 

   El color rosado no regresó a su piel por más sangre que vacié en su boca, podía ver y escuchar el sonido  en su garganta mientras tragaba el frío y espeso líquido que brotaba de los dos pequeños agujeros de mi brazo.  Me lamí la herida y besé sus labios, me senté en silencio en la silla junto a la ventana, y pude sentir como un martilleo sobre mi corazón de cristal con cada quejido que emitía mientras renacía a  la oscuridad.



lunes, 7 de mayo de 2012

MI PEQUEÑA OBSESIÓN, ES PELIRROJA (2)


    Esta noche me ha citado en uno de los talleres de pintura dentro del campus de la universidad.  Me pidió llegar temprano, pude escuchar en su voz la sensualidad de una mujer de mundo a pesar de su corta edad a través del teléfono móvil, pude imaginarla en su habitación envuelta en la toalla de baño después de la ducha, con sus largos cabellos color rojos mojados escurriéndole sobre la espalda.

A pesar de que no pude cumplir su petición, Ariel se mostró comprensiva al explicarle que el tiempo se me había ido volando después de hablar con ella.  Pues tuve que hacer una parada de emergencia al mirar en mi reflejó la falta de sangre, mi piel lucía tan pálida que de ponerla junto a una hoja de papel, no hubiera encontrado diferencia en la gama de color.

Mi piel guardaría el calor de la sangre de mi víctima por un par de horas, y yo guardaba la esperanza que fuera suficiente para que Ariel pudiese terminar el boceto que había dicho haría de mí. 

Al llegar, me encontró en el estacionamiento, y en lugar de dirigirme al taller donde trabajaría, me pidió acompañarla un momento a su habitación.  En sus palabras pude notar ese leve tono de ingenuidad y seguridad en sí misma, no pudo ocultar la sicalipsis en sus palabras cuando dijo:
- Deseo conocerte mejor, si te conozco bien, hacer un retrato de ti me será más sencillo, pues quiero plasmar quien eres en realidad

No me impresionaba demasiado, al fin de cuentas para alguien como yo, la frescura y gracia de su juventud era tan preciada como la vida misma que reflejaba en sus ojos marrón.


¡Qué inenarrable resultó ser mi bella pelirroja! Su cabello espeso, pesado y bermellón; su cutis liso, perfecto, erubescente al sentir mi tacto recorriendo su piel; sus labios delgados, teñidos en un color grana; su esbelta y bien cuidada figura; sus pechos suaves, pequeños y firmes; ágil  e intensamente apasionada en cada movimiento sobre su cama, pero gentil al expresar con dulzura y docilidad las reacciones provocadas por el placer del momento.  Tierna al pedir que complaciera sus deseos. 

Me sumí tan hondo en la corriente de pasiones provocada por su encantó, que olvidé por largo rato lo que había ido a hacer, encantarla y prendarla a mí, pero resultó lo contrario.  Ahí, bajo la suavidad de sus sábanas de seda escarlata, supe que no había que buscar más, corroboré que era la indicada.

No hubo mucho que decir al culminar nuestro momento, bañados en su sudor perfumado con olor de mujer nos acompañamos en un prolongado descanso.

Ella cerró sus ojos abatida por un cansancio que mi condición inmortal me impedía sentir, pero podía recordar con claridad, fingí sucumbir ante tal debilidad del cuerpo agotado, permitiéndome quedar adormecido por su aroma y esa abrasadora sensación de su cálido cuerpo cuando el efecto de la sangre que había bebido esa noche se desvaneció.

De pronto, percibí el transcurrir del tiempo a través de mis sentidos y supe que era hora de marcharme, el amanecer se aproximaba.  Me puse de pie cuidando no despertarla de su sueño al retirar mis brazos, me puse la ropa y me aproximé a despedirme de ella con un cariñoso beso en los labios... No obtuve respuesta, se encontraba agotada.

Pude haberlo hecho en ese momento, pero se merecía más tiempo, necesitaba un poco más de tiempo para estar lista.  Tenía todo lo que se requería y sin embargo esa noche dudé en arrancarle la vida, pues temía que no todo se preservara en ella al renacer como un vampiro y pudiera perder ese encanto, ese fulgor que me había hecho pensar que merecía vivir eternamente.

Anoté en una hoja lo siguiente y me fui sintiendo el vacío de desprenderme de su tórrida compañía:
" Querida mía, hoy no era el día.  Pero este jueves te espero en el Royal Grant Palace Hotel, Suit 736 para que intentes terminar mi pintura, enviaré a alguien por ti en punto de las 8:00 p.m. para que te ayude a traer tu material.  Con deseos de volver a verte, Michel"

Me alejé en la oscuridad del a noche con el más recuerdo del más ardiente momento en décadas.  Planeando nuevamente cómo iba a convertirla en inmortal, en la mejor forma de quitarle la vida humana y entregarla a los brazos del decadente sendero de las tinieblas.

viernes, 4 de mayo de 2012

Vivir al otro lado del Espejo



Camino de prisa entre los humanos,

Solo espero llegar casa y descansar,

Llamo a otros hombres lobo hermanos,

Entro al bosque y empiezo a soñar.

Deseo el momento en que llegue a casa

Y escuche la madera bajo mis pies crujir,

Atravesaré el espejo y sentiré la calma,

Que solo entre la naturaleza se puede sentir,

Tendré por fin esa sensación de alivio en mi alma

Al alejarme del mundo físico en cual he de vivir.

Cruzaré el espejo y llagaré a la tierra espiritual,

El lugar en la penumbra donde todo lo mágico es real.



Por fin entro a casa y me veo en el espejo,

Camino de prisa hacia mi reflejo,

Levanto mi mano y rasgo el manto

Que divide al mundo espiritual del físico,

Pues soy carne y espíritu, ambos en uno,

Gaia me escogió para ser su guerrero

Y luna me bendijo para ser un bardo,

Un bardo que cuenta las historias a su pueblo.

Contar relatos de lucha y forjar guerreros

Que luchen al otro lado del espejo

Lejos de los ojos humanos

Y así  poder protegerlos.



La luna resplandece  sobre  mí,

Me saluda con su brillo,

Veo a mis hermanos esperando

En la penumbra por mí.

Sueño con vivir aquí,

Es el mundo ideal para mí,

Entre espíritus sonreír  y ser feliz

Al otro lado del espejo quiero vivir.



P.D. Este texto no habla de vampiros, es de un hombre lobo :D que seguro nació bajo la luna de cuarto creciente, deseoso de ir a la Umbra :)





miércoles, 2 de mayo de 2012

MI PEQUEÑA OBSESIÓN,

ES PELIRROJA


Ahí estaba ella, cerca de mí.  La había visto en una fiesta hace más de seis meses. No supe si lo hice de manera inconsciente, pero comencé a seguirle a todo lugar al que fuera, me hice amigo de algunos de sus conocidos y no tardaba más de una hora en encontrarla cada anochecer.


Esta noche en particular me había sorprendido.  Estaba ahí en la sala de exposiciones de la Universidad de Arte y Pintura. Paseaba por los pasillos viendo los cuadros de sus amigos y escuchando los comentarios que hacían sobre sus pinturas.  En su mano llevaba una copa, su cuello estaba adornado con una delgada y corta cadena de oro, sus rojos rizos llegaban a la mitad de su espalda.

En un impulsivo instante de pasión por aquella mujer tan bella que mis ojos contemplaban, pasé de cruzar miradas e intercambiar sonrisas, a acercarme a ella.

Me estudió mientras bebía de su copa, el labial carmesí quedó pegado en el borde del cristal. Sonrió y al terminar de saborear su bebida me dijo:

-Buenas noches Michel- Me sorprendió la familiaridad con la que se dirigía a mí, sin dejar de sostenerme la mirada, pude apreciar en la profundidad de sus ojos marrón la pasión por la vida que ardía constante en su ser.

Era bella, no soy capaz de negar que me sentí tentado a dejarme llevar por mis deseos esa misma noche; sin embargo, no fui traicionado por esos impulsos y razoné cada uno de los motivos por los debía esperar para hacerla mía. Me dejé hipnotizar por la figura que moldeaba el largo vestido de seda, permitiendo apreciar las curvas naturales debajo de la tela roja.

-Ariel Vedusi- contesté perdido en el aroma de su dulce perfume. Tomé su mano y la besé con suavidad.


Al sentir mis labios fríos sobre su cálida y viva piel, ella retiro gentilmente su mano sin desvanecer su sonrisa, cada gesto que su rostro reflejaba era una casi irresistible tentación para dirigirla a algún lugar apartado y beber del cálido néctar que su cuerpo contenía, una invitación para tomar su sangre y llevarla al borde de la muerte.  

Con un ligero movimiento de su cabeza me pidió seguirla a través del pasillo, entre la gente que fingía tener clase y a la que no me apetecía prestar atención en ese momento, pues todo mi ser se encontraba enajenado en una sola persona.

Me condujo hasta donde se hallaba un retrato.  La pintura con base de aceite y acabado en oleo dejaban ver un don superior al de sus compañeros de generación, impresionante para atrapar "el alma" de aquellos a los que pintaba. 

En ese instante toda duda se disipó, era ella. De todas los mortales que pisaban la tierra, era ella quien merecía preservarse para toda la eternidad.

-Muy buen trabajo- Trate de no parecer más impresionado de lo que un adulto joven podría estar en un cuadro.

-Si te interesa, me gustaría pintarte. ¿Puedes este viernes?- Había algo más tras aquellas palabras, pero fui incapaz de descifrarlo.

-Con gusto-. Intercambiamos números y se despidió de mi con un tibio beso en cada una de mis mejillas.

Esas últimas líneas habían cambiado por completo mi plan,tan elaborado, complicado y bien pensado.  Sería ese viernes el día perfecto para otorgarle la inmortalidad, sin importar donde lo decidiera, en su cama o en mi habitación, teñiría mi lienzo con su sangre y la llevaría por el camino de la noche.


jueves, 26 de abril de 2012

JULIE STHORM - Inmortal


A los veinte un años fui convertida en vampiro. Cuando mi creador me lo dijo pensé: Patrañas, ¿Qué tonterías está diciendo este gordo asqueroso? Primero, casi me mata, me droga, me hace beber sangre a la fuerza y ahora se suelta diciendo un montón de...

     Después de darme cuenta que todo lo que decía el hombre era verdad, no me quedó más remedio que aceptar que en verdad me había dejado medio muerta, y que de no haber sido por mi “fino” carácter, la noche que conocí a Jimmy hubiera terminado realmente muerta en alguna callejuela del centro de la ciudad.

      Era un sábado por la madrugada, los muchachos y yo habíamos asistido a un concierto de punk en una bodega del viejo centro, todos estábamos ebrios.   Al salir, teníamos tan mal aspecto que ningún maldito taxi quiso recogernos.  En aquella época mi cara estaba llena de aros y aretes.  El piercing en mi lengua brillaba en la oscuridad de mi boca, todos podían verlo cuando la abría para reír a carcajadas por las tonterías que decíamos.

     Una de las pandillas fuera de la puerta del local donde los “Flame Bringers” habían dado su concierto nos estaban mirando, parecían que se burlaban de mi amigo Mike quien no podía sostenerse en pié por sí mismo y se había vomitado las botas, la mayoría de ellos eran menores que cualquiera de nosotros, el más grande parecía de dieciocho años. Cuando se retiraban del sitio pasaron cerca de nosotros, y uno me empujó haciendo que mi espalda golpeara el anuncio luminoso de cigarros en la parada de autobuses y taxis. 

            Ya que era la única chica entre ellos, mis amigos comenzaron a gritarles maldiciones.  Los jovencitos comenzaron a correr, y los idiotas de mis acompañantes los persiguieron, recogiendo piedras, botellas y otras cosas que encontraron tiradas en  la orilla de la banqueta.  No me quise quedar atrás y los seguí recogiendo un par de rocas grandes, era eso, o sacar la navaja que aún suelo cargar en mi bota.

     El alcohol afectó gravemente mi puntería, la primera piedra que lancé calló en los pies de Alan, uno de mis amigos, y la segunda se impactó en el vidrio trasero de un auto de lujo que se hallaba detenido en el semáforo.  Los muchachos siguieron la persecución mientras yo me detuve un segundo a mirar la ventanilla rota, algo me parecía familiar en el automóvil, al darme cuenta de que se trataba del dueño de uno de los casinos más grandes de la ciudad supe que estaba muerta si no comenzaba a correr, pues todos en las calles sabían que era un negocio de la mafia.

      Tal y como lo pensé, no se quedaron de brazos cruzados.  El auto me siguió hasta un crucero donde me cerró el pasó, haciéndome caer cuando intentaba cambiar de dirección y seguir escapando.  Las cuatro puertas se abrieron, de la delantera se bajó un hombre alto, vestido de traje azul petróleo, con un arma en la mano, me apuntó con ella diciendo: ─“No te muevas”─. Su voz era de alguien maduro, pasando los treinta.

     Estaba aterrorizada, me sentía totalmente perdida cuando vi salir a un hombre chaparro, vestido de traje color hueso, hacia juego con el sombrero estilo Fedora.  Parecía molestó y movía entre sus manos una baraja de naipes, partiendo y barajándola.  En su boca tenía una sonrisa escalofriante, dientes afilados le daban una apariencia depredadora, su panza era grande y redonda.

     Me dijo con una voz grave: ─Pequeña humana, ¿Quién te has creído para romper la ventana de mi auto y pensar que te dejaríamos ir solo así?─ Se levantó el sombrero y dejo que viera sus ojos oscuros.

     Fue un milagro que no me orinara del miedo en ese momento.  Sacó una carta de la baraja y me dijo: ─Dejémoselo a la suerte─.  Sonrió dejando ver sus dientes afilados como los de una piraña, miró la carta por un par de segundos y continuó: ─Tienes mucha suerte pescadito─ Se subió al auto.

     Me puse de pie pensando que me había librado de sus manos, mis piernas aún temblaban y seguro estaba pálida sudando frió.  Pensé que podría irme en ese momento hasta que exclamó con tono irritado: ─ ¿Qué demonios están esperando inútiles? Súbanla ahora. ─ No importó cuanto me resistí, eran tres guardaespaldas entrenados, y yo una simple pandillera.  Cuando me metieron al carro vi que el hombre no había dejado de sonreír, y sostenía el As de espadas en sus gordas manos, de un codazo en la cara me hizo perder el conocimiento, fue tan rápido que no tuve tiempo de sentir el dolor del golpe, solo la oscuridad.

     Cuando abrí los ojos me hallaba atada de pies y manos en el suelo, sobre una alfombra, cerca de mí estaba un escritorio, y podía ver unos zapatos negros y un pantalón muy blanco. 


Era exageradamente fuerte, me tomo de un brazo y me levantó para dejarme caer sobre su escritorio.   El resto es tan repulsivo que no quiero decírtelo porque seguro te haría vomitar.   Resumiré ese episodio de mi vida diciéndote que sus manos estaban marcadas en mi pecho, mi espalda y piernas, mi boca estaba adolorida por el golpe que me dio después que lo mordí en una pierna cuando me puso debajo del escritorio.   En verdad lo hice enojar.

Se tiró sobre mí al ver que no cooperaría y me susurró al oído algo así como: ─Me gusta tu actitud muchachita, esa flama que arde en tu interior debe mantenerse encendida por toda la eternidad. ─

Después de eso volvía escupirle, y luego me mordió el pecho con sus enormes colmillos.  Una descarga de placer me recorrió el cuerpo, una sensación de goce inigualable.  Pero en esos momentos, vi su boca llenándose de sangre, sabía que estaba muriendo cuando me sentí débil y las cosas a mi alrededor perdieron su color.

Sentía mi propio pulso en la garganta, primero agitado, luego lento, cada vez más lento, hasta que casi se detuvo mi corazón por completo.  Nunca me había sentido tan vacía.  Mantuve mis ojos cerrado en el último minuto de mi vida, esperaba ver el túnel de la muerte y la luz al final, pero no aparecía.

Sangre tibia  comenzó a correr por mi garganta, abrí mis ojos.  Aún estaba sobre mí, la sangre le corría por la muñeca, tenía mi navaja en su otra mano.  No sé porqué en ese momento me pareció que el miedo, la ansiedad y la sed desaparecían al beber de él, así que me aferre a su brazo pegando mi boca en la herida y bebí  hasta que el me quitó.

Un espasmo me sacudió, fue como si me hubieran colocado el desfibrilador en el pecho a la máxima potencia, una y otra vez, hasta que me sentí agotada de luchar contra los movimientos de mi cuerpo.  Me levanté sobre las rodillas y recuerdo claramente haberlo visto sentarse en su escritorio a mirarme en silencio. 

Grité varias veces: ─ Basta, por favor, basta. Detente, ya no puedo más─.  Esperando que me diera un tiro en la cabeza o en el corazón.

Cuando dejé de retorcerme dijo en voz baja:
─Ahora eres mi pequeña pirañita, Julie, hija de Jeremy “El Tiburón”, a partir de hoy eres un vampiro, y hay muchas cosas que debo enseñarte.

Así fue mi transformación, Jimmy pensó que me portaría mejor con él después de tres meses instruyéndome en lo más básico, cuándo, cómo y dónde comer sin mostrarle a nadie mi verdadera naturaleza.  Mis amigos me dieron por muerta.  Y de cierta manera, lo estaba. 

Fui a ver a mi banda un año después, y no pude evitar beber de mis dos mejores amigos hasta que quedaron inconscientes, a pesar de que mi creador me dijo que no les dijera nada, no tenía porque obedecer al gordinflón en todo lo que pedía.  Esa travesura aún es un secreto, el día en que les confesé lo que era y dormí en mi antiguo departamento.

La inmortalidad no es tan buena como creía, me he tenido que sacar las balas aún calientes del estómago con los dedos para que las heridas puedan sanarse rápido, no espiro y en invierno tengo que tener cuidado porque mi cuerpo parece un tempano de hielo.  Sin embargo no puedo hacer nada más que existir… Comenzaré a vivir de nuevo cuando “El Tiburón” considere que estoy lista y me regrese mi libertad, aunque viendo las cosas desde su punto de vista podrían pasar décadas para eso.

Mientras tanto, lo molesto tanto como es posible, sin arriesgarme a que vuelva a ponerme yeso en los pies y me tire a la cisterna dejándome bajo el agua toda las semana, ya lo ha hecho, y estar sola en la oscuridad es lo peor que puede pasarme.

La inmortalidad tiene sus ventajas, pero por ahora diré que es una existencia de secretos, solitaria y fría hasta que bebes la tibia sangre de un humano.
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