martes, 12 de junio de 2012

BAJO EL AGUA (1)




       ¡Corre!  Me grita Alan poniéndose frente al enorme guarda espaldas de Jimmy.


    Sé que es un esclavo de mi creador y que es mucho más fuerte que cualquiera de mis amigos, aunque estuvieran todos juntos no tendrían oportunidad contra él.  Aún así me dejo llevar por los reflejos que quedan en mí de lo frágil que solía ser cuando era humana y estaba viva, huyendo cobardemente.

     ¡Estúpida, Perra! ─ Grita el hombre de Jimmy dando un fuerte puñetazo en el estómago de Alan.   Escucho como el aire se escapa de la boca y emite un leve quejido de dolor.

      No me detengo, avanzo rápidamente por la orilla de la banqueta, esperando el momento justo para atravesar la calle y perderlo en el callejón de la siguiente cuadra.  Me concentro en no ser atropellada y evito topar con los parquímetros.  
     
     El semáforo se ha puesto en rojo, las llantas de los automóviles rechinan sobre el asfalto al frenar.   De un ágil movimiento logro levantar ambas piernas y apoyando las manos sobre el cofre de un deportivo japonés logro llegar al otro lado de un solo brinco.  Me subo a la banqueta y continúo corriendo.   A unos cuantos metros veo la entrada al pasillo que conecta esta calle con la avenida principal.   Siento mis piernas pesadas al levantarlas, no alcancé a abrochar las hebillas de las botas y siento como si se fueran a salir de mis pies en cualquier mal paso que dé.

     Llevo tanto impulso que tengo que usar mi mano para refrenarme y poder dar vuelta en la callejuela.   Los edificios a los costados tienen más de ocho pisos, las sombras que proyectan me impiden ver con claridad.   Sin embargo, no es la primera vez que lo atravieso y sé donde se encuentran las cajas y los botes de basura. 

    Salto por encima de un montón de cajas vacías de cartón, puedo oler algún animal muerto en alguna parte debajo de las bolsas negras recargadas contra el muro.  Unos cuantos más y solo me queda la malla a la mita del pasillo.   La veo por el reflejo de la luz de una ventana en el segundo piso, del edificio al lado derecho,  tomo impulso, me agazapo un poco, extiendo mis manos hacia arriba y brinco lo más alto que puedo para no sujetarme del tubo superior de la malla.   Mis pies han dejado el suelo y mis dedos están a punto de alcanzar la barra de metal que sostiene la cerca de más de tres metros.

     No lo logro...

     El maldito Rob me ha sujetado de los pies jalándome hacia atrás.  Me duele la cara, siento como la sangre sale por mi naris y el labio inferior en el que me clavado los dientes al golpearme contra el pavimento.  La cabeza me da vueltas cuanto intento incorporarme.  Me resulta difícil enfocar. Me levanto sobre mis rodillas y mis manos, sintiendo la viscosa sangre sobre el suelo que escurre de mi naris.

     De pronto, un agudo dolor me recorre el cuero cabelludo cuando Rob me agarra con fuerza del cabello y me estira para que levante la cabeza, el intenso dolor hace que me pillen los oídos, pero alcanzo a escucharlo hablar mientras me coloca la 9mm en la frente.

     ─ ¡Vas a venir conmigo!, dejarás de jugar o te haré un agujero en la cabeza y te llevaré en el maletero. El "Tiburón" quiere verte. ─ Dice muy molesto, enseñándome sus dientes y casi escupiéndome la cara al hablar. 

     Siento la furia arder en mi interior. Pero el dolor y el mareo no me permiten concentrarme en lo que está ocurriendo, y soy incapaz de resistirme cuando me levanta aún del cabello y me lleva fuera del callejón.  Al salir, ya hay un auto esperándonos, las luces apagadas me indican que el jefe no viene en él. 

     Rob se sienta a mi lado y me apunta directo a la cabeza todo el camino.  El dolor ha cesado, la sangre ya no fluye de mi nariz ni de mi boca.   Con centro mi sangre en el rostro y me doy cuenta que no he bebido lo suficiente esta semana como para curarme y no tener hambre.  Decido esperar, pues Jimmy "el Tiburón", siempre me da algo de comer antes dejarme volver a casa. 

     Llegamos al casino, las puertas aún están abiertas bajo el enorme letrero de "LAS PUERTAS DEL CIELO". Sandy, la conductora, le da la vuelta a la manzana y baja al estacionamiento en el subterráneo del Casino.  La única luz que se ve al rededor del pequeño indicador de: "Salida de Emergencia", sobre la puerta trasera.  Al bajar, puedo sentir la humedad que se pega a mi piel, los tubos en el techo están calientes y una delgada capa de vapor se forma en el aire.


     Abren la puerta,  Sandy, también conocida como la cierra me sujeta de ambos brazos y me los tuerce hacia atrás, luego me empuja hacia adentro.  Me doy cuenta que no vamos a la oficina de Jimmy, pues hemos dado vuelta en una pasillo antes de las escaleras que llevan al lado de los baños.   Está oscuro, aún estoy mareada, pero puedo ver una puerta cerrada al final del corredor, una luz amarillenta se filtra por debajo. El rechinido al abrirse la entrada me provoca un agudo estremecimiento. 


    Bajo la lámpara circular en el centro de la habitación se halla Jeremy.  Tiene puesto su sombrero beige y la capa larga que le cubre todo el cuerpo y solo deja ver sus zapatos.  Levanta la cabeza y lo que veo en su rostro no me gusta.   Esta sumamente furioso, sus ojos son los de un depredador y sus afilados dientes rechinan en cuanto me ve. 


     Ahora sí la hiciste grande Julie ─. Me dice mientras se abre la capa y me muestra sus puños apretados.  Algo me dice que se ha enterado de lo que pasó hace unas noches en mi casa, y de pronto lo dice:  Creíste que no me enteraría, ¿acaso no fui claro al pedirte que me trajeras todo el dinero que cobraras la semana pasada? y además de robarme, todavía te llevas a tus amigos a beber y les cuentas lo que te pedí que no les contaras.


      Tengo el dinero en la casa, pensaba ponértelo, de verdad. ─ Digo tratando de tranquilizarlo, pero ya es tarde.


     ¡No te he dado permiso de hablar! ─ Grita irritado y se lanza sobre mí con su puño cerrado, justo en mi costado derecho.   Puedo sentir como me remueve los intestinos después de hacer pedazos tres costillas.  No me gusta que me vea llorar, así que trato de resistir el dolor  y aprieto mis dientes, no es suficiente, la exclamación de dolor se me escapa de la boca y siento que mis piernas se doblan.  Sandy aún me sujeta los brazos.


     El golpe ha sido tan fuerte que Sandy ha retrocedido junto conmigo un par de pasos antes de soltarme.  Pienso que pedirá que nos dejen solos, pero no lo hace.  Lyonel, su otro sirviente viene cargando una tina grande.  La pone en el suelo.  Jimmy me levanta de los hombros y mete mis pies en la tina.   ¡Es cemento!


      ¿Qué se supone que estas haciendo? ─ Le digo a pesar de que siento que me lastimo al hablar. 


     Te daré una lección que no olvidarás.  Esta vez dejaré vivos a tus amigos, pero si le dices a alguien más que eres un vampiro te juro que los mataré a todos. 


     Al escuchar eso guardo silencio y me limito a permanecer inmóvil.  Jimmy me mira como si quisiera matarme por segunda vez, pero no lo hace... Se me acerca con esa sonrisa de piraña que lo distingue y me besa mordiendo mis labios.  Me da asco el olor y el sabor a tabaco que se despende de su piel, me retuerce las manos para que no lo aleje de mí.  Al retirarse se limpia la boca y dice:


      Pónganla en el pozo.  Me mira, se acomoda el sombre y continúa:  Es la última vez que me haces quedar mal con alguien.  De todos los que pueden enterarse de tus idioteces tenía que ser Bartus quien te escuchara revelar nuestros secretos.


    ¿Bartus? No lo conozco, pero he escuchado su nombre antes.  No tengo tiempo de responderle, Rob y Lyonel me llevan al fondo de la habitación, en el suelo está abierta una compuerta, escucho debajo el motor de la cisterna encendida.


      ¡No!   Grito con fuerza mientras me lanzan dentro.  El peso del cemento hace que me vaya al fondo muy rápido.  Intento liberarme, pero no puedo.  No siento que me ahogue, pues no necesito respirar, pero la desesperación me inunda cuando veo que comienzan a colocar la tapa.  


     De pronto solo quedamos la oscuridad y yo.  El motor se apaga...  nos acompaña ahora el silencio.   Siento hambre, el deseo de sangre se apodera de mí, no hay nada más que agua...


     Los días comienzan a transcurrir, en el silencio y la completa oscuridad, entre el hambre y la deseperación... He perdido la esperanza, no puedo morir, solo sufrir la agonía que él asegura es consecuencia de mis pecados...  Sol quiero que el castigo termine,  el delirio me posee por momentos, pero ni aún con la ayuda de la bestia soy capaz de liberarme.  El sopor  me envuelve, la sangre se ha desvanecido de mi cuerpo con cada anochecer, el hambre me atormenta.  Y solo puedo esperar a que el decida que ha sido suficiente. 


     


    

viernes, 4 de mayo de 2012

Vivir al otro lado del Espejo



Camino de prisa entre los humanos,

Solo espero llegar casa y descansar,

Llamo a otros hombres lobo hermanos,

Entro al bosque y empiezo a soñar.

Deseo el momento en que llegue a casa

Y escuche la madera bajo mis pies crujir,

Atravesaré el espejo y sentiré la calma,

Que solo entre la naturaleza se puede sentir,

Tendré por fin esa sensación de alivio en mi alma

Al alejarme del mundo físico en cual he de vivir.

Cruzaré el espejo y llagaré a la tierra espiritual,

El lugar en la penumbra donde todo lo mágico es real.



Por fin entro a casa y me veo en el espejo,

Camino de prisa hacia mi reflejo,

Levanto mi mano y rasgo el manto

Que divide al mundo espiritual del físico,

Pues soy carne y espíritu, ambos en uno,

Gaia me escogió para ser su guerrero

Y luna me bendijo para ser un bardo,

Un bardo que cuenta las historias a su pueblo.

Contar relatos de lucha y forjar guerreros

Que luchen al otro lado del espejo

Lejos de los ojos humanos

Y así  poder protegerlos.



La luna resplandece  sobre  mí,

Me saluda con su brillo,

Veo a mis hermanos esperando

En la penumbra por mí.

Sueño con vivir aquí,

Es el mundo ideal para mí,

Entre espíritus sonreír  y ser feliz

Al otro lado del espejo quiero vivir.



P.D. Este texto no habla de vampiros, es de un hombre lobo :D que seguro nació bajo la luna de cuarto creciente, deseoso de ir a la Umbra :)





miércoles, 2 de mayo de 2012

MI PEQUEÑA OBSESIÓN,

ES PELIRROJA


Ahí estaba ella, cerca de mí.  La había visto en una fiesta hace más de seis meses. No supe si lo hice de manera inconsciente, pero comencé a seguirle a todo lugar al que fuera, me hice amigo de algunos de sus conocidos y no tardaba más de una hora en encontrarla cada anochecer.


Esta noche en particular me había sorprendido.  Estaba ahí en la sala de exposiciones de la Universidad de Arte y Pintura. Paseaba por los pasillos viendo los cuadros de sus amigos y escuchando los comentarios que hacían sobre sus pinturas.  En su mano llevaba una copa, su cuello estaba adornado con una delgada y corta cadena de oro, sus rojos rizos llegaban a la mitad de su espalda.

En un impulsivo instante de pasión por aquella mujer tan bella que mis ojos contemplaban, pasé de cruzar miradas e intercambiar sonrisas, a acercarme a ella.

Me estudió mientras bebía de su copa, el labial carmesí quedó pegado en el borde del cristal. Sonrió y al terminar de saborear su bebida me dijo:

-Buenas noches Michel- Me sorprendió la familiaridad con la que se dirigía a mí, sin dejar de sostenerme la mirada, pude apreciar en la profundidad de sus ojos marrón la pasión por la vida que ardía constante en su ser.

Era bella, no soy capaz de negar que me sentí tentado a dejarme llevar por mis deseos esa misma noche; sin embargo, no fui traicionado por esos impulsos y razoné cada uno de los motivos por los debía esperar para hacerla mía. Me dejé hipnotizar por la figura que moldeaba el largo vestido de seda, permitiendo apreciar las curvas naturales debajo de la tela roja.

-Ariel Vedusi- contesté perdido en el aroma de su dulce perfume. Tomé su mano y la besé con suavidad.


Al sentir mis labios fríos sobre su cálida y viva piel, ella retiro gentilmente su mano sin desvanecer su sonrisa, cada gesto que su rostro reflejaba era una casi irresistible tentación para dirigirla a algún lugar apartado y beber del cálido néctar que su cuerpo contenía, una invitación para tomar su sangre y llevarla al borde de la muerte.  

Con un ligero movimiento de su cabeza me pidió seguirla a través del pasillo, entre la gente que fingía tener clase y a la que no me apetecía prestar atención en ese momento, pues todo mi ser se encontraba enajenado en una sola persona.

Me condujo hasta donde se hallaba un retrato.  La pintura con base de aceite y acabado en oleo dejaban ver un don superior al de sus compañeros de generación, impresionante para atrapar "el alma" de aquellos a los que pintaba. 

En ese instante toda duda se disipó, era ella. De todas los mortales que pisaban la tierra, era ella quien merecía preservarse para toda la eternidad.

-Muy buen trabajo- Trate de no parecer más impresionado de lo que un adulto joven podría estar en un cuadro.

-Si te interesa, me gustaría pintarte. ¿Puedes este viernes?- Había algo más tras aquellas palabras, pero fui incapaz de descifrarlo.

-Con gusto-. Intercambiamos números y se despidió de mi con un tibio beso en cada una de mis mejillas.

Esas últimas líneas habían cambiado por completo mi plan,tan elaborado, complicado y bien pensado.  Sería ese viernes el día perfecto para otorgarle la inmortalidad, sin importar donde lo decidiera, en su cama o en mi habitación, teñiría mi lienzo con su sangre y la llevaría por el camino de la noche.


jueves, 26 de abril de 2012

JULIE STHORM - Inmortal


A los veinte un años fui convertida en vampiro. Cuando mi creador me lo dijo pensé: Patrañas, ¿Qué tonterías está diciendo este gordo asqueroso? Primero, casi me mata, me droga, me hace beber sangre a la fuerza y ahora se suelta diciendo un montón de...

     Después de darme cuenta que todo lo que decía el hombre era verdad, no me quedó más remedio que aceptar que en verdad me había dejado medio muerta, y que de no haber sido por mi “fino” carácter, la noche que conocí a Jimmy hubiera terminado realmente muerta en alguna callejuela del centro de la ciudad.

      Era un sábado por la madrugada, los muchachos y yo habíamos asistido a un concierto de punk en una bodega del viejo centro, todos estábamos ebrios.   Al salir, teníamos tan mal aspecto que ningún maldito taxi quiso recogernos.  En aquella época mi cara estaba llena de aros y aretes.  El piercing en mi lengua brillaba en la oscuridad de mi boca, todos podían verlo cuando la abría para reír a carcajadas por las tonterías que decíamos.

     Una de las pandillas fuera de la puerta del local donde los “Flame Bringers” habían dado su concierto nos estaban mirando, parecían que se burlaban de mi amigo Mike quien no podía sostenerse en pié por sí mismo y se había vomitado las botas, la mayoría de ellos eran menores que cualquiera de nosotros, el más grande parecía de dieciocho años. Cuando se retiraban del sitio pasaron cerca de nosotros, y uno me empujó haciendo que mi espalda golpeara el anuncio luminoso de cigarros en la parada de autobuses y taxis. 

            Ya que era la única chica entre ellos, mis amigos comenzaron a gritarles maldiciones.  Los jovencitos comenzaron a correr, y los idiotas de mis acompañantes los persiguieron, recogiendo piedras, botellas y otras cosas que encontraron tiradas en  la orilla de la banqueta.  No me quise quedar atrás y los seguí recogiendo un par de rocas grandes, era eso, o sacar la navaja que aún suelo cargar en mi bota.

     El alcohol afectó gravemente mi puntería, la primera piedra que lancé calló en los pies de Alan, uno de mis amigos, y la segunda se impactó en el vidrio trasero de un auto de lujo que se hallaba detenido en el semáforo.  Los muchachos siguieron la persecución mientras yo me detuve un segundo a mirar la ventanilla rota, algo me parecía familiar en el automóvil, al darme cuenta de que se trataba del dueño de uno de los casinos más grandes de la ciudad supe que estaba muerta si no comenzaba a correr, pues todos en las calles sabían que era un negocio de la mafia.

      Tal y como lo pensé, no se quedaron de brazos cruzados.  El auto me siguió hasta un crucero donde me cerró el pasó, haciéndome caer cuando intentaba cambiar de dirección y seguir escapando.  Las cuatro puertas se abrieron, de la delantera se bajó un hombre alto, vestido de traje azul petróleo, con un arma en la mano, me apuntó con ella diciendo: ─“No te muevas”─. Su voz era de alguien maduro, pasando los treinta.

     Estaba aterrorizada, me sentía totalmente perdida cuando vi salir a un hombre chaparro, vestido de traje color hueso, hacia juego con el sombrero estilo Fedora.  Parecía molestó y movía entre sus manos una baraja de naipes, partiendo y barajándola.  En su boca tenía una sonrisa escalofriante, dientes afilados le daban una apariencia depredadora, su panza era grande y redonda.

     Me dijo con una voz grave: ─Pequeña humana, ¿Quién te has creído para romper la ventana de mi auto y pensar que te dejaríamos ir solo así?─ Se levantó el sombrero y dejo que viera sus ojos oscuros.

     Fue un milagro que no me orinara del miedo en ese momento.  Sacó una carta de la baraja y me dijo: ─Dejémoselo a la suerte─.  Sonrió dejando ver sus dientes afilados como los de una piraña, miró la carta por un par de segundos y continuó: ─Tienes mucha suerte pescadito─ Se subió al auto.

     Me puse de pie pensando que me había librado de sus manos, mis piernas aún temblaban y seguro estaba pálida sudando frió.  Pensé que podría irme en ese momento hasta que exclamó con tono irritado: ─ ¿Qué demonios están esperando inútiles? Súbanla ahora. ─ No importó cuanto me resistí, eran tres guardaespaldas entrenados, y yo una simple pandillera.  Cuando me metieron al carro vi que el hombre no había dejado de sonreír, y sostenía el As de espadas en sus gordas manos, de un codazo en la cara me hizo perder el conocimiento, fue tan rápido que no tuve tiempo de sentir el dolor del golpe, solo la oscuridad.

     Cuando abrí los ojos me hallaba atada de pies y manos en el suelo, sobre una alfombra, cerca de mí estaba un escritorio, y podía ver unos zapatos negros y un pantalón muy blanco. 


Era exageradamente fuerte, me tomo de un brazo y me levantó para dejarme caer sobre su escritorio.   El resto es tan repulsivo que no quiero decírtelo porque seguro te haría vomitar.   Resumiré ese episodio de mi vida diciéndote que sus manos estaban marcadas en mi pecho, mi espalda y piernas, mi boca estaba adolorida por el golpe que me dio después que lo mordí en una pierna cuando me puso debajo del escritorio.   En verdad lo hice enojar.

Se tiró sobre mí al ver que no cooperaría y me susurró al oído algo así como: ─Me gusta tu actitud muchachita, esa flama que arde en tu interior debe mantenerse encendida por toda la eternidad. ─

Después de eso volvía escupirle, y luego me mordió el pecho con sus enormes colmillos.  Una descarga de placer me recorrió el cuerpo, una sensación de goce inigualable.  Pero en esos momentos, vi su boca llenándose de sangre, sabía que estaba muriendo cuando me sentí débil y las cosas a mi alrededor perdieron su color.

Sentía mi propio pulso en la garganta, primero agitado, luego lento, cada vez más lento, hasta que casi se detuvo mi corazón por completo.  Nunca me había sentido tan vacía.  Mantuve mis ojos cerrado en el último minuto de mi vida, esperaba ver el túnel de la muerte y la luz al final, pero no aparecía.

Sangre tibia  comenzó a correr por mi garganta, abrí mis ojos.  Aún estaba sobre mí, la sangre le corría por la muñeca, tenía mi navaja en su otra mano.  No sé porqué en ese momento me pareció que el miedo, la ansiedad y la sed desaparecían al beber de él, así que me aferre a su brazo pegando mi boca en la herida y bebí  hasta que el me quitó.

Un espasmo me sacudió, fue como si me hubieran colocado el desfibrilador en el pecho a la máxima potencia, una y otra vez, hasta que me sentí agotada de luchar contra los movimientos de mi cuerpo.  Me levanté sobre las rodillas y recuerdo claramente haberlo visto sentarse en su escritorio a mirarme en silencio. 

Grité varias veces: ─ Basta, por favor, basta. Detente, ya no puedo más─.  Esperando que me diera un tiro en la cabeza o en el corazón.

Cuando dejé de retorcerme dijo en voz baja:
─Ahora eres mi pequeña pirañita, Julie, hija de Jeremy “El Tiburón”, a partir de hoy eres un vampiro, y hay muchas cosas que debo enseñarte.

Así fue mi transformación, Jimmy pensó que me portaría mejor con él después de tres meses instruyéndome en lo más básico, cuándo, cómo y dónde comer sin mostrarle a nadie mi verdadera naturaleza.  Mis amigos me dieron por muerta.  Y de cierta manera, lo estaba. 

Fui a ver a mi banda un año después, y no pude evitar beber de mis dos mejores amigos hasta que quedaron inconscientes, a pesar de que mi creador me dijo que no les dijera nada, no tenía porque obedecer al gordinflón en todo lo que pedía.  Esa travesura aún es un secreto, el día en que les confesé lo que era y dormí en mi antiguo departamento.

La inmortalidad no es tan buena como creía, me he tenido que sacar las balas aún calientes del estómago con los dedos para que las heridas puedan sanarse rápido, no espiro y en invierno tengo que tener cuidado porque mi cuerpo parece un tempano de hielo.  Sin embargo no puedo hacer nada más que existir… Comenzaré a vivir de nuevo cuando “El Tiburón” considere que estoy lista y me regrese mi libertad, aunque viendo las cosas desde su punto de vista podrían pasar décadas para eso.

Mientras tanto, lo molesto tanto como es posible, sin arriesgarme a que vuelva a ponerme yeso en los pies y me tire a la cisterna dejándome bajo el agua toda las semana, ya lo ha hecho, y estar sola en la oscuridad es lo peor que puede pasarme.

La inmortalidad tiene sus ventajas, pero por ahora diré que es una existencia de secretos, solitaria y fría hasta que bebes la tibia sangre de un humano.

jueves, 19 de abril de 2012

SER INMORTAL


La noche llega fría y oscura a Iron Heaven, una ciudad de monumentales rascacielos construidos de cristal, granito y estructuras de hierro en su interior. El bullicio de los automóviles mientras transito por las calles hace del silencio un vago recuerdo de aquellas noches en que un vampiro, como yo, solía caminar en solitario, en la quietud de las tinieblas de la ciudad y cazar a los desprevenidos humanos después que el reloj marcaba las diez.

Soy capaz de percibir en el aire ese olor que distingue a las  grandes metrópolis y al que la mayoría ya se ha acostumbrado, sin embargo, a mí aun me parece sumamente molesto; el aroma a gasolina quemada, desperdicios y asfalto caliente, han convertido el arte de conseguir sangre humana tibia en una tarea complicada, pues esperar en la oscuridad de un apestoso callejón paso a ser un proceso complicado, pues las enormes pantallas que cuelgan de los edificios del centro eliminan toda privacidad llenando con su luz hasta el más alejado rincón.

Recuerdo que solía salir de casa pasadas las nueve de la noche, momento en que las calles se hallaban poco concurridas y eso me permitían atravesar rápidamente las siete manzanas que se interponían entre mi hogar y el parque central.  Al entrar en él gozaba al respirar el aire perfumado a flores y pasto mojado, sentir el viento fresco colarse entre los árboles mientras permanecía sentado por horas en una banca junto al lago de los patos, en el claro, a mirar las brillantes estrellas y la resplandeciente luna.

 Hoy en día, esa luz natural de los astros es opacada por las lámparas eléctricas en las aceras, los espectaculares aluzados y los radiantes anuncios de los negocios en toda la ciudad, además del smog que forma esa capa delgada de humo gris cerca de las nubes, impidiéndonos contemplar el firmamento. 

Ahora camino entre la gente que se amontona en las esquinas para cruzar la calle, quizás me equivoque ya que el sueño diurno me mantiene ignorante de lo que pasa durante el día, pero es como sí la gente prefiriera la noche para caminar, hacer las compras y pasar un buen rato con los amigos, lo que me obliga a cubrir mi rostro con unas gafas grandes y guardo mis pálidas manos en los bolsillos.

Al sentirme cansado de la agitación del centro, busco un lugar más silencioso, donde cualquier incauto esté a merced de la muerte a manos de los asaltantes o las mías… Sí, en el área industrial o la zona rosa me parecen perfectas, ambos, sitios donde en caso de cometer un crimen no sería muy llamativo.  No es muy difícil tener suerte ahí,  es sencillo seguir el rastro del aroma a sangre en el aire proveniente de alguna victima de asalto en las callejuelas, en “La Zona” ni siquiera los policías intervienen, pues existe lo que los humanos llaman “justicia callejera”.

El deterioro social me ha dejado un amargo sabor en la boca con el transcurrir de las décadas, no solamente por la sangre con restos de drogas y hormonas que estoy obligado a beber, pues no queda un solo trago limpio ni siquiera en los niños de toda la maldita ciudad; me enferma el saber que mi raza y mi nombre han sido olvidado. 

Los humanos resultan más peligrosos y sanguinarios hacia ellos mismos de lo que las criaturas de la noche pudieron llegar a ser en antaño, personalmente creo que me queda más moral y conciencia que todos los humanos juntos pueden tener.

Me resulta risible lo superficial que el mundo se ha vuelto, su concepto de dolor y sufrimiento han traspasado las fronteras de la realidad, el mal que una persona puede causarle a otra se distorsiona y los lleva a alcanzar niveles de atrocidad más allá de mi comprensión inmortal. 

Suelo imaginar que algún día despertaré de la pesadilla que representa estar rodeado de la desesperanza y el orgullo de esos seres, su pobre vida es corta y la desperdician en banalidades. Cuando menos lo esperan, la existencia se les ha esfumado frente al ordenador, se hallan muriendo en solitario, sin que su amigo virtual pueda ayudarlos. 

Los humanos más jóvenes inmersos en la tecnología, son presa fácil de la muerte, distraídos con sus aparatos, colgados de la red las veinticuatro horas del día, ni siquiera recuerdan lo que es la compañía, las palabra a un amigo, se vuelven cada vez menos expresivos, los emoticonos son su única forma de externar sentimientos. 

Todo ello me hace sentir viejo y miserable, ya no queda gente afable, quizás sea el único que sonríe y le desea las buenas noches a los transeúntes en esta época.

Me he mesclado entre los chicos para disfrutar de la “buena vida” como lo llaman ellos, regreso antes del amanecer a mi refugio.  Siempre veo a la misma prostituta de hace diez años, sigue intentando que me la lleve por un par de dólares, quizás alguna de estas noches la convierta en mi cena. Mientras paso a su lado me doy cuenta que es de las pocas precavidas que se mantienen sanas, quizás sea por que pasa de los treinta que sigue viva, pues las jovencitas tienen finales realmente trágicos antes de cumplir los veinte.

¿A qué le temen hoy en día los humanos? Todos sus pobres miedos se han vuelto realidad, obligándolos a ser más salvajes y primitivos cada día sin importar que tanto hayan evolucionado. El sistema social que alguna vez pudo llevarlos al éxito, hoy los sumerge en la miseria. Y quizás soy de los pocos seres que camina sobre la tierra que aún conserva sus miedos, atrapado en la conciencia de otra época, en el cuerpo y la mente de otra era, donde era importante hacer el bien y le temíamos al ser supremo omniviente que podía castigarnos con solo pensarlo.

Entre los míos, los seres eternos, muchos se han dejado llevar por la ola de la nueva era, sumergiéndose hasta el cuello por la porquería capitalista y la sus relaciones en la inestable situación política, la mayoría de esos vampiros han terminado por acabar con sus miserables existencias de placeres desmedidos y lujos insanos, al no poder escapara de la corrupción humana.

Resulta pintoresco encontrarse viviendo entre todo ello, estoy seguro de que parte de mi esencia se ha dejado llevar por ese estilo de vida, en el que me deleito sentado en la mesa de algún antro viendo los cuerpos delgados de las mujeres de mundo, en el que mi existencia es un susurro, pues los mitos sobre nosotros han desaparecido, nadie recuerda nuestro apodo, y los registros en los archivos electrónicos son cada vez menos consultados. 

¿Quién lo diría? Durante la inquisición nos escondíamos para no ser encontrados y evitar el fuego, y hoy muchos quieren ser tomados en cuenta y sentirse alabados como en antaño.

 Tengo la esperanza de que cómo todas las eras, está también sea temporal, y todo vuelva a ser como en mis tiempos, que alguno de ellos quite sus ojos de las pantallas y vuelva al mundo físico, se tope con nosotros y se gane el respeto suficiente para merecer la inmortalidad.

Hoy es mi día de suerte, veo a esa linda chica de cabellos en punta, pintados de rojo, de piercing en la ceja, en el labio y en la nariz, quien se aferra a mantener su identidad.  Lleva unos audífonos de diadema conectados al mp4 en la bolsa del pantalón, como la mayoría.  Saca un cigarrillo, lo enciende justamente cuando paso a su lado, aspira profundo, y deja salir algo del humo por su nariz.

            ¿Qué hora es, amiga?─ Digo deteniéndome, con la esperanza de que su sangre no esté enferma.

            Me mira sorprendida, a pesar de mis ciento ochenta años de vida, mi cuerpo se mantiene con su apariencia de adolescente, al morir tenía apenas 20 años. Dando una profunda fumada, mira su reproductor y contesta soltando el aire por la boca:

            Son casi las cinco y media, hermano.

            ¿Hermano?, eso si me sorprende.  Le echo un vistazo de cerca y me percato de que estaba en un error. No soy tan afortunado.

            Gracias, chica.

            ─Suerte para la próxima─ me dice sonriendo y mostrando sus blanquísimos colmillos.

            Sí, suerte para la próxima, solo alguien como yo tendría la mínima intensión de parecer humano en esta podrida ciudad.